El
acompañamiento en la enfermedad
D. Luis Armando Leite Do
Santos, Capellán del Hospital General de la “FE”, de Valencia y Licenciado en Filosofía y teología, Máster en
Bioética y Máster en Counselling
El
voluntariado tiene raíces profundas en la historia de la humanidad, como
respuesta al sufrimiento, a la marginación, a la pobreza y es, desde siempre
una presencia propositiva de esperanza para aliviar el dolor y curar la soledad.
El
fenómeno del voluntariado, que tanta afirmación viene teniendo en estos años, a
nivel mundial, puede ser considerado como un verdadero y propio signo de los
tiempos, índice de una toma de conciencia viva y profunda de la solidaridad que
nos liga recíprocamente a todos.
La
vitalidad del voluntariado también se explica como la respuesta a una realidad
social marcada por el materialismo, por el egoísmo, por la indiferencia, por el
pesimismo y por la despersonalización de las relaciones.
En
este clima social marcado por las apariencias, donde se rehúye a cualquier
precio al sufrimiento y se busca incesantemente al placer, donde se idealiza lo
que es bello y joven y se elude al anciano y al enfermo, la presencia del
voluntariado propone el rostro de una humanidad que se prodiga en la acogida de
los que son probados por la vida.
Una
de las diferentes formas de voluntariado socio-sanitario promovido por diversos
grupos, asociaciones y movimientos que actúan a nivel institucional, es aquel
que la Iglesia quiere promover y potenciar como una presencia específica de
voluntariado pastoral, formado por personas motivadas por los valores espirituales
propios del Evangelio, valores de diálogo, de acogida y de respeto a las
convicciones personales de cada uno.
Los
candidatos para el voluntariado pastoral deberán ser seglares comprometidos,
maduros desde el punto de vista humano y moral, con actitudes para el diálogo y
la relación de ayuda, y con capacidad de cooperar eficazmente con los objetivos
de la coordinación del servicio de asistencia espiritual. Para eso deben estar
dispuestos a pasar por un itinerario formativo para ser instrumentos más eficaces
en su acción, y tener suficiente disponibilidad de tiempo para desarrollar su
cometido.
A
través de esa actitud abierta y respetuosa, el voluntario facilita y promueve
los diversos itinerarios que llevarán al enfermo/mayor a tomar contacto con sus
propios recursos interiores y con su espiritualidad.

