
Del Libro: Cómo Enfrentar el Suicidio Enseñanza Católica y Respuesta Pastoral por FRANK J. MONCHER ROSELLA L. ALLISON ARTHUR A. BENNE
Nota: El Siguiente Documento es un libro que desde la fe quiere ser una reflexión y una herramienta
de ayuda en éstos casos tan dificiles, como tan "incomprensibles".
Éste libro tiene el siguinete contenido:
¿POR QUÉ SE SUICIDA UNA PERSONA?
¿QUÉ PODRÍA HABERSE HECHO PARA EVITARLO?
¿LA PERSONA QUE SE SUICIDA VA AL INFIERNO?
¿CÓMO SE SOBRELLEVA EL DUELO DE ESTE TIPO DE PÉRDIDAS?
ESTRATEGIAS PARA LA CURACIÓN
¿QUÉ DEBE DECIRSE ACERCA DEL SUICIDIO?
¿COMO SE APOYA A LOS DEUDOS DE UNA PÉRDIDA POR SUICIDIO?
¿CUÁLES SON LAS SEÑALES DE QUE UNA PERSONAS
CORRE EL RIESGO DE SUICIDARSE?
ALGUNAS CONDICIONES ASOCIADAS CON UN MAYOR RIESGO DE SUICIDIO
¿QUÉ DEBE HACERSE PARA AYUDAR A ALGUIEN QUE ESTÁ
EN RIESGO DE SUICIDARSE?
¿POR QUÉ HAY TANTOS ADOLESCENTES SUICIDAS?
REFERENCIAS Y RECURSOS
IDENTIFIQUE LAS SEÑALES
ACERCA DE LOS AUTORES
Esperando no incurrir en alguna ilegalidad, iremos publicando algunos extractos de éste, sobre todo para que sirva como herramienta pastoral y de consulta en lo referente al tema.
El suicidio arrebata la vida de más de 30,000 norteamericanos al año. Se estima que en cada suicidio se ven afectadas íntimamente en promedio unas seis personas y que puede seguir provocando angustia por el difunto durante años. Más que entre los deudos de otros tipos de muerte repentina, estos “sobrevivientes del suicidio” tienden a experimentar un intenso duelo que se vuelve más complicado debido a difíciles sentimientos de culpa y vergüenza. Aunque este libro no es una
fuente completa sobre el suicidio, sí intenta ayudar a los sobrevivientes, y a aquellos que se preocupan por ellos, con algunas de las preguntas y dudas que surgen normalmente al intentar resignarse a la pérdida por suicidio. Para aquellos que se preocupan por la posibilidad del suicidio
para sí mismos y para otros, se incluyen secciones referentes a cómo reconocer las señales de alerta y qué hacer cuando surgen, así como una sección para la intervención en el suicidio de adolescentes. En la contraportada se encuentran recursos recomendados.
¿POR QUÉ SE SUICIDA UNA PERSONA?
Aunque algunos suicidas dejan notas que intentan explicar su acción, una decisión tan drástica generalmente viene precedida de numerosos factores. La mayoría de las personas que se suicidan no
eligen la muerte misma. A menudo intentan aliviar un sufrimiento severo, ya sea físico o psicológico. Pueden haber intentado sin éxito otras formas de poner fin a su sufrimiento, que les han dejado un
sentimiento de desesperación en el que el suicidio se convierte en una opción real para poner fin a su angustia.
Normalmente, los amigos y familiares de aquellos que se suicidan se consumen en preguntas sin respuesta acerca del por qué un ser querido puede haberse quitado la vida. Aunque son comprensibles los sentimientos de culpa resultantes de los argumentos sin respuesta y otros fracasos en su relación con el difunto, generalmente no son una explicación exacta de la decisión de suicidarse y pueden dejar en el sobreviviente un sentimiento innecesario de responsabilidad o culpa por algo que, de hecho, estaba más allá de su control.
A menudo no es posible descubrir con certeza por qué alguien se suicidó. A veces contribuye al suicidio un trastorno mental, quizás desconocido, como la depresión, un trastorno bipolar, psicosis, abuso de drogas u otras enfermedades mentales. La depresión, por ejemplo, afecta la capacidad de resolver problemas y puede causar pensamientos distorsionados acerca de la autoestima. Otras enfermedades mentales, como los trastornos que provocan psicosis, que pueden distorsionar la
percepción de la realidad de la víctima, a veces desembocan en el suicidio. El abuso del alcohol y de drogas también incrementa el riesgo de que alguien elija suicidarse.
A menudo es difícil, si no imposible, lograr una cabal comprensión de los procesos de pensamiento que llevan a un individuo al suicidio. Quienes se suicidan deben sentirse culpables del efecto que
su decisión tendrá en sus amigos y familiares, pero su sufrimiento es tal que el suicidio parece ser la única opción real. Además, cuando está presente una enfermedad mental, obstaculiza la capacidad para registrar la magnitud del impacto de tal elección. Generalmente, la decisión no es una elección deliberada de abandonar a sus seres queridos, a menudo es más bien un esfuerzo por apaciguar un sufrimiento insoportable.
¿QUÉ PODRÍA HABERSE HECHO PARA EVITARLO?
Después del suicidio de un ser querido, a menudo los miembros de la familia y los amigos se quedan lidiando con una mezcla de sentimientos difíciles. En estos casos, es natural que la familia y los amigos se pregunten si se hubieran podido evitar la muerte, y el conflicto de ideas en el seno de la familia acerca de los factores que condujeron al suicidio pueden tensar las relaciones. Para apoyarse unos a otros durante el duelo, es esencial tener paciencia y permanecer unidos sin culpabilizarse, ni a sí mismos ni a otros.
Cuando se mira atrás, al igual que en muchas otras circunstancias en la vida, parece obvio el mejor modo de actuar. Sin duda, cualquiera que reconociera tendencias autodestructivas en un ser querido tomaría medidas drásticas para evitar que ocurriera. A posteriori, las señales que indican claramente que un ser querido pensaba suicidarse pueden no haber sido particularmente alarmantes en el momento crítico. Además, incluso bajo una vigilancia extrema, no siempre se puede evitar o controlar lo que otra persona elije.
No es inusual que los seres queridos de una víctima de suicidio asuman una culpabilidad injustificada: “¿Y si la hubiera obligado a obtener ayuda?” “¿Y si la hubiera visitado más seguido?” “Si al menos no hubiera peleado con él por la mañana?” “¿Si al menos no hubiera salido esa noche?” Para algunos, estos pensamientos de “y si” y “si al menos” se vuelven obsesivos y son a menudo el sello más desconsolador del duelo para los sobrevivientes de un suicidio. Durante el proceso de duelo es normal recrear escenas y conversaciones con los seres queridos, pero cuando estos pensamientos de autocrítica se prolongan, pueden causar mucho daño. Para deshacerse de dichos patrones de pensamiento, el apoyo profesional puede ser de gran ayuda durante el periodo de duelo.
Es especialmente importante recordar que el suicidio es una decisión individual. Puede ser muy difícil aceptar el libre albedrío de otros, incluyendo la libertad para tomar una mala decisión. Aunque
uno debe evitar una tragedia en la medida en que sea racionalmente capaz de hacerlo, y ser “el guardián de nuestro hermano” cuando sea posible, no siempre es posible salvar a nuestros seres queridos de sí mismos. No refleja nuestro amor y atención por una persona.
Nadie puede responsabilizarse de un acto imposible de prever. Incluso si se cometió algún error, es esencial recordar que la intención nunca fue la muerte. A veces, aquellos que planean suicidarse parecen sentirse mejor cuando han decidido el modo de actuar porque sienten que poseen la respuesta a sus problemas. Esta forma temporal de levantarse la moral puede dar a los que lo rodean la impresión de que las cosas han mejorado, incluso si se conoce la tendencia suicida. Además, debido a que muchas personas que sufren depresión y ansiedad no se suicidan, no es sorprendente la imposibilidad de anticipar que un er querido pudiera decidir otro modo de actuar. La auténtica preocupación acerca de los errores personales debe llevarse a un sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación para la absolución y para su visión objetiva de la situación.
Para muchos sobrevivientes, el nivel de autoculpabilidad es desproporcionado en relación con cualquier daño que hayan podido hacer. El autocastigo no ayuda ni al difunto ni a sus sobrevivientes. Más bien puede ser un obstáculo para curarse y una posible trampa para caer en el autodesprecio y la depresión. Para combatir la tentación de autocastigo o cargos de conciencia, intente centrarse nuevamente: ayude a otros mediante la educación en la prevención del suicidio, acérquese a aquellos que puedan estar sufriendo por pensamientos suicidas o a otros sobrevivientes en duelo, elija otra salida y canalice su energía de manera constructiva.
Nuestro Dios misericordioso y amoroso no desea que se prolongue el tormento por un suicidio o cualquier otro hecho trágico. Él desea que sus hijos estén en paz. Si la reflexión acerca de ésta y otras lecturas, si hablar con otras personas y dejar todo al Sacramento de la Reconciliación no alivian los sentimientos de culpa, es momento de buscar apoyo adicional. Muchos han encontrado este apoyo reuniéndose con un consejero particular o junto con otros miembros de familia, o bien, uniéndose a un grupo de apoyo para sobrellevar el duelo. Existen grupos especiales para quienes enfrentan el suicidio de un ser querido.
En ellos, los miembros del grupo estarán familiarizados con la particular lucha de los sobrevivientes del suicidio. Es bueno empezar escuchando a los demás en las reuniones del grupo, pero posiblemente pueda ser de gran alivio y consuelo ser capaz de compartir sus experiencias personales con aquellos que realmente lo entienden.
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