Pastoral de la Salud Diócesis de Huesca

PASTORAL DE LA SALUD – DIÓCESIS DE HUESCA

martes, 10 de diciembre de 2013

LAS NECESIDADES DEL ENFERMO

LAS NECESIDADES DEL ENFERMO

Wilson Hernan Salazar Hernández, pbro.
Capellán del Hospital Universitario “Miguel Servet”, Zaragoza.




“Quien se enferma del cuerpo, siente la enfermedad en todas sus dimensionse esenciales. Enferma todo su ser integral y no solo su parte fisica.”


Para saber cuales son las necesidades de una enfermo en su individulidad es necesario saber, en general, cuales son las dimensiones-relaciones basicas-esenciales de todo ser humano, vividas de acuerdo a la formacion de cada uno.



YO= EXISTO= PERSONA= SUSTANCIA INDIVIDUAL DE NATURALEZA RACIONAL: UNA UNIDAD PLENA.
SUSTANCIA= IDENTIDAD.
INDIVIDUAL= UNICO, IRREPETIBLE
NATURALEZA= HUMANA=VOLUNTAD LIBRE.
RACIONAL= INTELIGENCIA.


Dimensiones 
esenciales
Fundamentales



DIOS: Todo ser humano tiene una relación con lo trascendente, una relacion para creer o para negar; para amar o para rechazar, para vivir o para ser indiferente.
Todo ser humano vive lo trascendente de determinadas maneras según su formación: humana - cultural - religiosa., etc.
FAMILIA: Dimension básica - esencial. Fundamento de vida. Relacion sanguinea y  de formación esencial.
INTIMOS: los mas cercanos que han marcado la vida, los pasados y los actuales. Entorno de personas llamadas especiales. Etc.

SOCIAL: - ENTORNO PERSONAL: estudio, trabajo, relaciones continuas

                                                                        necesarias.
                 - ENTORNO GENERAL:lo sociable donde se mueve
                                                           continuamente.

RELACION CON LA NATURALEZA: firmamento-entorno-natural.

                     NAT. NATURAL: lo que creado.
                     NAT. TRANSFORMADA: lo que el ser humano ha hecho de lo natural.

CONSIGO MISMO: conocete a ti mismo para poder vivir tu entorno total,

                                   Tus relaciones total.  


El ser que no se conoce a si mismo es imposible conocer sus realidades mas intimas”


NECESIDADES: LA VISITA AL ENFERMO

1. Hay que buscar la hora más oportuna para hacer la visita, tanto pensando en el enfermo como en su familia.
2. No se ha de ir a la visita con el tiempo prefijado. Hay que dar a la visita el tiempo requerido por el enfermo.
3. No hacer visitas protocolarias, ni tomarse confianzas excesivas. Hay que actuar siempre con naturalidad ,sencillez y mucha caridad.
4. El enfermo tiene una sensibilidad especial para captar quién se le acerca por compromiso social, o sea para "cumplir", o el que lo hace para hacerle un favor, o sea por "compasión", o el que va con aires de superioridad, ya que "él está sano", o el que le visita con plena disponibilidad y con afán de compartir.
5. Al enfermo se le ha de dar ocasión de hablar de su enfermedad, de sus dolores, de sus preocupaciones y temores. Hay que mostrar interés, con sinceridad y delicadeza. Hay que saber aceptar lo que afirma sin discutírselo, pero a la vez sin reafirmarle aquello que nos parece que es exageración.
6. El enfermo ha de poder explicar y decir todo lo que le plazca. No podemos obligarle ni presionarle para que diga más de lo que él quiera.
7. No se puede imponer al enfermo el tema de la conversación. Se le ha de dar libertad de elección. No podemos cansarlo con nuestra conversación. No debemos hablarle de temas religiosos a la fuerza. Hay que saberle hablar para que desee hablar.
8. No podemos compadecemos de él en su presencia. Ni tampoco mostrar lástima de su situación ante él.
9. Hemos de velar para que, en lo posible, el enfermo siga viviendo los problemas de la sociedad entera, y en especial de su ambiente de trabajo y amistades. En caso contrario sufriría al verse fuera de juego de esta sociedad o de su comunidad. Todavía sufriría más de ser nosotros quienes "le expulsáramos" al no decirle o explicarle las cosas que pasan con la excusa de "no preocuparlo".
10. Incluso cuando el enfermo no tiene interés, hemos de procurar interesarlo por los problemas de la vida "normal". Es malo para él encerrarse en sí mismo y en los problemas domésticos.
11. No le debemos mentir en lo referente a su situación y estado. No se trata de decirle "toda" la verdad, pero sí de que “todo lo que le digamos sea verdad". Hemos de decirle la verdad que él sea capaz de aceptar y asimilar. Tendremos que animarle y darle esperanza, pero nunca engañarle.
12. Al visitar a un enfermo hemos de saber escuchar con atención y hablar con calma y sin nervios. Muchas veces, como no "dominamos" la situación, nos ponemos nerviosos y tendemos a hablar mucho y gritando.
13. La cama es propiedad del enfermo y de su uso exclusivo. Debemos respetarlo.
14. El enfermo tiene necesidades fisiológicas de todo tipo que se le pueden hacer urgentes durante nuestra visita. Hemos de estar al tanto y tenerlo presente.
15. La visita al enfermo no es para que nosotros hablemos y le obliguemos a escucharnos. La visita es fundamentalmente para que el enfermo tenga ocasión de hablar y pueda encontrar oyentes acogedores.
16. No podemos luego hacer comentarios luego de cosas que para el enfermo sean muy intimas.
17. Hay que hacer la visita con espíritu de colaboración y no para sustituir la iniciativa del enfermo. Hemos de ir con espíritu de disponibilidad, no con afán de dominio ni de imposición.
18. No podemos hacer la visita tan sólo "por amor a Dios". Más bien ha de ser por amor al prójimo "con el amor de Dios".
19. Cuando se trata de un enfermo creyente, se ha de intentar ayudarle a progresar y a madurar en la fe y en su situación de enfermo. Si estamos ante un no creyente, debemos ofrecerle que comparta nuestra fe. Si no quiere hacerlo, le seguiremos visitando con la misma disponibilidad.

NECESIDADES BASICAS DE UN ENFERMO


PARA SABER CUALES SON LAS NECESIDADES BASICAS DE UN ENFERMO DEBEMO SABER CUALES SON LAS NECESIDADES BASICAS DE UN SER HUMANO.
Se ha creído tradicionalmente, que las necesidades humanas tienden a ser infinitas; que están constantemente cambiando; que varían de una cultura a otra, y que son diferentes en cada período histórico. Pero tales suposiciones son incorrectas, puesto que son producto de un error conceptual, que consiste en confundir las necesidades con los satisfactores de esas necesidades.
Las necesidades humanas fundamentales son finitas, pocas y clasificables. Además las necesidades humanas fundamentales son las mismas en todas las culturas y en todos los períodos históricos. Lo que cambia, a través del tiempo y de las culturas, son la manera o los medios utilizados para la satisfacción de las necesidades.

Las necesidades fundamentales son: subsistencia (salud, alimentación, etc.), protección (sistemas de seguridad y prevención, vivienda, etc.), afecto (familia, amistades, privacidad, etc.) entendimiento (educación, comunicación, etc.), participación (derechos, responsabilidades, trabajo, etc.), ocio (juegos, espectáculos) creación (habilidades, destrezas), identidad (grupos de referencia, sexualidad, valores), libertad.

Concebir las necesidades tan sólo como carencia implica restringir su espectro a lo puramente fisiológico, que es precisamente el ámbito en que una necesidad asume con mayor fuerza y claridad la sensación de “falta de algo”. Sin embargo, en la medida en que las necesidades comprometen, motivan y movilizan a las personas, son también potencialidad y, más aún, pueden llegar a ser recursos. La necesidad de participar es potencial de participación, tal como la necesidad de afecto es potencial de afecto.

Integrar la realización armónica de las necesidades humanas en el proceso de desarrollo, significa la oportunidad de que las personas puedan vivir ese desarrollo desde sus comienzos; dando origen así a un desarrollo sano, auto dependiente y participativo, capaz de crear los fundamentos para un orden en el que se pueda conciliar el crecimiento económico, la solidaridad social, el crecimiento de las personas y la protección del ambiente.

Las necesidades humanas básicas referidas, deben constituirse en derechos inalienables del ser humano, ya que su posesión y práctica hacen a la dignidad del individuo y las comunidades. La satisfacción de estas necesidades implica un marco ambiental sano. La degradación del ambiente, provocada por los procesos de contaminación y “explotación” irracional de los recursos, atenta gravemente contra ellas. Actualmente y a nivel mundial, los modelos de desarrollos económicos y tecnológicos han provocado que millones de seres humanos no hayan tenido posibilidad de acceder a la satisfacción de estas necesidades básicas.

Las motivaciones biológicas, son necesidades básicas del organismo para mantener su equilibrio fisiológico, tales como azúcar, proteínas, agua y oxigeno. Una característica particular del ser humano, es que toda filosofía del futuro tiende a cambiar cuando el organismo esta dominado por una necesidad fisiológica determinada. El hombre hambriento, por ejemplo, encuentra su plena felicidad en tener garantizado el alimento.

Por el contrario, quien tiene cubiertas sus necesidades básicas, siente surgir otras necesidades mas elevadas que pasan a ser dominantes en su vida.

Las motivaciones psicológicas y sociales, son también necesidades básicas de la persona como ser pensante y como ser social; todo ser humano se beneficia del amor, la seguridad del trabajo, la integridad física, la estima, las relaciones familiares, las relaciones en los grupos sociales y la aprobación de su persona en la sociedad, entre otros. De no lograrse satisfacer el conjunto de estas necesidades psicológicas básicas el individuo será victima de sentimientos de inferioridad, de abandono y desaliento.

Adicionalmente a las necesidades psicológicas y fisiológicas más básicas existen otras necesidades mas profundas de relacionarse interpersonalmente, de amor y cariño, de satisfacción sexual, de aspiraciones y la necesidad de lograr poder en ámbitos sociales específicos que pueden influenciar los niveles de motivación, los intereses y los valores de cada uno de nosotros.

BASES PARA CONOCER LAS NECESIDADES DE LOS ENFERMOS

El desarrollo de una comunicación adecuada es el elemento clave para la detección de las necesidades del enfermo y orientar el trabajo que se realice para mantener su calidad de vida. Para los expertos existe solo una regla para comunicarse con los enfermos, que es: “Responder con afecto y respeto, claridad y dignidad al contacto físico y al acompañamiento humano y espiriutal como nos gustaría que otras personas lo hicieran con nosotros”. Muchos de sus motivos de preocupación solo serán revelados a sus interlocutores si estos se muestran sensibles y atentos para comprender lo que subyace detrás de sus comentarios y en las dudas o temores no expresados. Los enfermos desean sobre todo que se tenga tiempo para escucharles con interés, que el tiempo que se emplee con ellos sea enteramente dedicado a sus personas y que no se les haga sentir que tienen menos importancia o prioridad que otros. “El tiempo no es una cuestión de longitud, sino de profundidad”.

Todos respondemos al amor y al respeto, a la honradez y dignidad, al contacto físico y a la compañía y los moribundos sienten probablemente más estas cosas que nosotros.

La escucha activa, la capacidad de empatizar y la aceptación son herramientas muy eficaces de la comunicación que se pueden aprender. Requieren esfuerzo, comprensión y una buena dosis de concentración por parte de quien lo visita sea el profesional de la salud, sea familiar o sea un agente que va por caridad humana y espiritual. En este proceso, la comunicación no verbal transmite al otro mucho más fielmente nuestro estado receptivo –relajado y acogedor. La empatía nos permite sentirnos próximos al otro en lo que siente y cuáles son sus necesidades psicosociales, y la aceptación, la demostraremos por el interés por lo que nos dice sin juzgarle y nuestra acogida.

Necesidades físicas (atendidas por los profesionales de la salud)
El enfermo necesita una atención médica y de enfermería minuciosas con relación a todos sus aspectos biológicos: Cualquier elemento no controlado de su enfermedad puede llegar a ser el centro de su vida e incapacitar todo el proceso de enfrentamiento a su situación, mientras que un buen control biológico produce un aumento del bienestar, más aún si los cuidadores se muestran sensibles y sinceros, si se atiende a los pequeños detalles y le dan una explicación previa de los procedimientos que se le van a realizar.

Ayuda en la dependencia
para algunos enfermos la dependencia de otros es un tema difícil de sobrellevar y les genera frustración y depresión. La regresión puede conducir a una desmoralización mayor a través de la pérdida de la dignidad y autorrespeto, por lo que, aunque los parientes y amigos encuentren difícil permitirles que hagan un trabajo de forma laboriosa y empleen mucho más tiempo en su autocuidado, en algo que ellos lo harían más rápidamente, deberían estimularles a continuar haciéndolo porque ello puede contribuir a su autoestima y a darles satisfacción.

Necesidades psicológicas
La enfermedad provoca una convulsión interna y tiende a dejar al descubierto las raíces de las personas y les produce con frecuencia una sensación de amenaza e indefensión ante algo que no pueden controlar, más aún si los síntomas se vuelven persistentes y el enfermo presiente que esta situación supera sus propios recursos de afrontamiento. El paciente, por lo general, tiene dificultades para comunicarse bien por su propia enfermedad, por la medicación, etc., se vuelve ansioso o depresivo y tiende a introvertirse, lo que a su vez le impide recibir la ayuda que requiere para afrontar las cosas en su correcta perspectiva. Las diversas necesidades psicológicas no saldrán a la luz si no se pregunta específicamente por ellas, si no se controlan los síntomas molestos y si el paciente no encuentra un ambiente apropiado para exponerlas porque la experiencia de no ser tomados en cuenta en estos casos les produce la sensación de estar muertos en vida y es causa frecuente de enfados y de ansiedad. Muchos enfermos pueden beneficiarse de la relación de ayuda, particularmente en presencia de un fracaso adaptativo incipiente y de trabajar con sus sentimientos hasta que se produzca el ajuste y la adaptación.

Apoyo en el sufrimiento
El sufrimiento es una dimensión fundamental de la condición humana y un acompañante frecuente de la fase final. No siempre es fácil reducir la fuerza de la enfermedad que se ha vuelto el centro de la vida del paciente, más aún cuando este sufre un dolor intolerable o angustia.

Posibles causas de sufrimiento en la terminalidad
        – Percepción de falta de futuro
        – Amenaza de inminente destrucción de la persona
        – Pérdida del rol social
        – No sentirse querido
        – Incapacidad para resolver los interrogantes de la vida. Relacion con Dios.
        – Pensamientos negativos (de culpabilidad, miedo al futuro)
        – Mal manejo de los síntomas molestos
        – Reacciones indeseables de los tratamientos
        – Situaciones psicosociales inadecuadas (falta de intimidad, compañía o soledad indeseadas, separación de la familia)
        – Dejar asuntos inconclusos
        – Estados de ánimo deprimido o angustiado

Para Chapman y Gravin, el sufrimiento es un estado afectivo, cognitivo y negativo complejo caracterizado por la sensación que experimenta la persona de encontrarse amenazada en su integridad, por su sentimiento de impotencia para hacer frente a esta amenaza y por el agotamiento de los recursos personales y sociales que le permitirían afrontarlo.
Necesidades espirituales

El sufrimiento espiritual contribuye en buena parte al malestar que acompaña a la sensación de amenaza a su integridad que vive el enfermo cuando persiste y se agrava la intensidad de sus síntomas. Su detección es esencial para ofrecerle una ayuda que complemente las intervenciones farmacológicas y psicológicas para el alivio de otros síntomas. Se ha encontrado que la paz espiritual eleva el umbral del dolor, influye en la reducción del consumo de analgésicos y tranquilizantes y que cuando el sufrimiento espiritual cede, la muerte tiende a producirse de forma más apacible. Durante una entrevista normal, si se sospecha un sufrimiento espiritual, le serán útiles formularle estas preguntas:
Para muchos, el diálogo sobre la normalidad de esos sentimientos, la necesidad y posibilidad de obtener perdón, la práctica de la oración, sacramentos o la lectura de los textos sagrados, pueden servir para pacificar sus pensamientos. “Para afrontar una muerte de una manera apacible y serena, es necesario recibir el perdón de los otros, perdonar, perdonarse a sí mismo, estar en armonía con lo trascendental, expresado o no bajo la forma religiosa”. dice J. Thiefrey. Algunos enfermos, no obstante, necesitan un consejero espiritual para hablar y que les ayude a aclarar sus dudas a fin de atenuar su pesar y sensación de culpabilidad, pero este no es un cometido fácil. Requiere por parte del cuidador presencia de espíritu, sosiego, tacto, capacidad de empatizar con el enfermo y de sintonizar con su mundo anímico. Tiene que saber hacer que el enfermo se exprese, sin abrumarle, respetando e interpretando sus silencios, intentando una respuesta a sus congojas e interrogantes o también guardando silencio cuando él tampoco sabe la respuesta. En los Cuidados Paliativos es elemental el respeto a las creencias de los pacientes, sean las que sean. Se debe averiguar si Dios y lo religioso son significativos o lo han sido para él. Si este es el caso, es verdad que la fe en un Dios bueno y comprensivo ayuda y ha ayudado a millones a través de los siglos a superar angustias de culpa, de falta de sentido, de soledad, es decir, a bien morir, a morir en paz. En un estudio canadiense hecho en Manitoba, el 61% de los pacientes con cáncer utilizaron la oración como una forma de afrontar la enfermedad.

Si bien la tradición ha querido que el encargado de velar por las necesidades espirituales del enfermo terminal sea el sacerdote en nuestra cultura cristiana, los laicos están cada vez más llamados a cuidar de este tipo de necesidades al igual que cualquier otro integrante del equipo con el que el paciente se sienta cercano. Una persona bien entrenada puede establecer con ellos una relación adecuada que les permita reconocer la normalidad de los sentimientos que experimentan de abandono, de culpabilidad por ofensas reales o imaginarias, sobre su miedo a la muerte y a una vida posterior. Su apoyo pasará por las mismas fases de escucha activa, empatía, aceptación, participación del paciente en las decisiones, el trabajo con su familia y la intervención de otros miembros del equipo. “Debemos dejar los milagros a Dios, usted, y yo tenemos bastante con escuchar, ver, oír y sentir las más profundas necesidades de la humanidad, y este es un campo donde también podemos ayudar” dice D. Doyle. El cuidado integral óptimo de los moribundos requiere una actitud alerta y positiva hacia la espiritualidad como una parte más de la vida.

Necesidad de despedirse
El paciente suele desear despedirse y hacer la paz con aquellos que tuvo diferencias, hechos estos que toman su tiempo, por lo que se deberá procurar con anticipación y tratar con la familia sobre la posibilidad de ayudarle a hacer realidad este deseo de reconciliación, dado que el paciente en esta etapa puede sufrir un deterioro brusco de su conciencia que lo impida más tarde. Hay varias causas de sufrimiento que se podrían aliviar con la búsqueda de la reconciliación, la resolución de conflictos, el contacto con las personas que él o ella desean y la posible realización de asuntos pendientes. Los enfermos agradecen que sus familias y conocidos recuerden con ellos los eventos más importantes de su vida y se resalten, si es posible, los hechos más positivos de su existencia, sus intentos por mejorar a los de su entorno. “Da más fuerza saberse amado, que saberse fuerte,” Goethe. Se dice que una persona que al recordar su biografía encuentra que su vida ha sido en conjunto positiva, le es más fácil el enfrentarse a la muerte.

Necesidades de apoyo social
Una forma eficaz de mitigar la sensación de carga que tiene el enfermo es fortalecer sus relaciones con los seres queridos y procurar que no falte el apoyo social porque este actúa como un sustentador de la salud y amortiguador del estrés y facilita un mejor enfoque de la situación y de las reacciones de adaptación ante la enfermedad. El apoyo social está normalmente proporcionado por la red social más cercana, su familia y amigos.

Un buen apoyo social es el que transmite al enfermo que es querido y tomado en cuenta, que es estimado y valorado y que pertenece a una red de comunicación y obligaciones mutuas.
Necesidades de apoyo a la familia

Una de las principales preocupaciones del enfermo es el problema que su dolencia supone para los demás miembros de la familia, por lo que este agradece todo lo que se haga por ayudarles a reducir esta sensación de ser una carga tanto en los aspectos físicos, económicos y sociales, que se les dé información de su enfermedad, de cómo mejorar la interrelación personal para evitar la soledad y aislamiento justo cuando más necesita de su compañía. Es importante ayudarles a ver, como bien dice Ramón Bayés: “que el tiempo que le queda al paciente es un tiempo de vida y no una espera angustiosa ante la muerte”.

Necesidad de ayuda para una buena muerte
Para el filósofo López Aranguren, una muerte digna es posible si se consigue: “Que sea un espectáculo decoroso; que no desdiga lo que fue nuestra vida; que lo sea en compañía y que lo sea en el propio entorno”. Las múltiples necesidades de un enfermo terminal pueden satisfacerse en buena medida si se respeta su especial protagonismo, si se le proporciona un tratamiento adecuado del dolor y otros síntomas, si se revisa continuamente el tratamiento, si se le permite participar en la medida que le sea posible para reducir la sensación de dependencia en otras personas y si se detecta a tiempo lo que signifique una amenaza para su existencia con el objeto de contrarrestarla. En este trabajo, todos somos y podemos ser útiles.

El proceso de la enfermedad terminal puede incluir períodos de caos, rendición y trascendencia, por lo que la intervención del equipo paliativo deberá procurar afectar de forma integral a las necesidades del paciente y su familia. Es esencial aceptar el protagonismo del enfermo, su posibilidad de escoger entre varias opciones y reconocer que cada persona recorre el camino con fases de ansiedad, depresión, desmoralización, aflicción, que pueden responder a intervenciones adecuadas de apoyo de tipo físico, psicosocial y medicación.


El agente de pastoral entra aquí en un campo esencial de su acompañamiento donde dene expresar, tanto de palabra como en su ser, su fe su esperanza y su caridad. Haciendo que el paciente, consciente o inconsciente, perciba la paz de Dios para su encuentro esperanzador con él.

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