LAS NECESIDADES DEL ENFERMO
Wilson
Hernan Salazar Hernández, pbro.
Capellán
del Hospital Universitario “Miguel Servet”, Zaragoza.
“Quien
se enferma del cuerpo, siente la enfermedad en todas sus dimensionse
esenciales. Enferma todo su ser integral y no solo su parte fisica.”
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Para
saber cuales son las necesidades de una enfermo en su individulidad es
necesario saber, en general, cuales son las dimensiones-relaciones
basicas-esenciales de todo ser humano, vividas de acuerdo a la formacion de
cada uno.
YO= EXISTO= PERSONA= SUSTANCIA INDIVIDUAL DE
NATURALEZA RACIONAL: UNA UNIDAD PLENA.
SUSTANCIA= IDENTIDAD.
INDIVIDUAL= UNICO, IRREPETIBLE
NATURALEZA= HUMANA=VOLUNTAD LIBRE.
RACIONAL= INTELIGENCIA.
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DIOS: Todo ser humano tiene una relación con lo trascendente,
una relacion para creer o para negar; para amar o para rechazar, para vivir o
para ser indiferente.
Todo ser humano vive lo trascendente de determinadas
maneras según su formación: humana - cultural - religiosa., etc.
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FAMILIA: Dimension básica - esencial. Fundamento de vida.
Relacion sanguinea y de formación
esencial.
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INTIMOS: los mas cercanos que han marcado la vida, los
pasados y los actuales. Entorno de personas llamadas especiales. Etc.
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SOCIAL: -
ENTORNO PERSONAL: estudio, trabajo, relaciones continuas
necesarias.
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ENTORNO GENERAL:lo sociable donde se mueve
continuamente.
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RELACION CON LA
NATURALEZA: firmamento-entorno-natural.
NAT. NATURAL: lo que creado.
NAT. TRANSFORMADA: lo que el ser humano ha hecho de lo natural.
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CONSIGO MISMO:
conocete a ti mismo para poder vivir tu entorno total,
Tus relaciones
total.
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“El ser que no se conoce a si mismo es imposible
conocer sus realidades mas intimas”
NECESIDADES: LA VISITA
AL ENFERMO
1. Hay que buscar la hora más oportuna para hacer la visita,
tanto pensando en el enfermo como en su familia.
2. No se ha de ir a la visita con el tiempo prefijado. Hay
que dar a la visita el tiempo requerido por el enfermo.
3. No hacer visitas protocolarias, ni tomarse confianzas
excesivas. Hay que actuar siempre con naturalidad ,sencillez y mucha caridad.
4. El enfermo tiene una sensibilidad especial para captar
quién se le acerca por compromiso social, o sea para "cumplir", o el
que lo hace para hacerle un favor, o sea por "compasión", o el que va
con aires de superioridad, ya que "él está sano", o el que le visita
con plena disponibilidad y con afán de compartir.
5. Al enfermo se le ha de dar ocasión de hablar de su
enfermedad, de sus dolores, de sus preocupaciones y temores. Hay que mostrar
interés, con sinceridad y delicadeza. Hay que saber aceptar lo que afirma sin
discutírselo, pero a la vez sin reafirmarle aquello que nos parece que es
exageración.
6. El enfermo ha de poder explicar y decir todo lo que le
plazca. No podemos obligarle ni presionarle para que diga más de lo que él
quiera.
7. No se puede imponer al enfermo el tema de la
conversación. Se le ha de dar libertad de elección. No podemos cansarlo con
nuestra conversación. No debemos hablarle de temas religiosos a la fuerza. Hay
que saberle hablar para que desee hablar.
8. No podemos compadecemos de él en su presencia. Ni tampoco
mostrar lástima de su situación ante él.
9. Hemos de velar para que, en lo posible, el enfermo siga
viviendo los problemas de la sociedad entera, y en especial de su ambiente de
trabajo y amistades. En caso contrario sufriría al verse fuera de juego de esta
sociedad o de su comunidad. Todavía sufriría más de ser nosotros quienes
"le expulsáramos" al no decirle o explicarle las cosas que pasan con
la excusa de "no preocuparlo".
10. Incluso cuando el enfermo no tiene interés, hemos de
procurar interesarlo por los problemas de la vida "normal". Es malo
para él encerrarse en sí mismo y en los problemas domésticos.
11. No le debemos mentir en lo referente a su situación y
estado. No se trata de decirle "toda" la verdad, pero sí de que “todo
lo que le digamos sea verdad". Hemos de decirle la verdad que él sea capaz
de aceptar y asimilar. Tendremos que animarle y darle esperanza, pero nunca
engañarle.
12. Al visitar a un enfermo hemos de saber escuchar con
atención y hablar con calma y sin nervios. Muchas veces, como no
"dominamos" la situación, nos ponemos nerviosos y tendemos a hablar
mucho y gritando.
13. La cama es propiedad del enfermo y de su uso exclusivo.
Debemos respetarlo.
14. El enfermo tiene necesidades fisiológicas de todo tipo
que se le pueden hacer urgentes durante nuestra visita. Hemos de estar al tanto
y tenerlo presente.
15. La visita al enfermo no es para que nosotros hablemos y
le obliguemos a escucharnos. La visita es fundamentalmente para que el enfermo
tenga ocasión de hablar y pueda encontrar oyentes acogedores.
16. No podemos luego hacer comentarios luego de cosas que
para el enfermo sean muy intimas.
17. Hay que hacer la visita con espíritu de colaboración y
no para sustituir la iniciativa del enfermo. Hemos de ir con espíritu de
disponibilidad, no con afán de dominio ni de imposición.
18. No podemos hacer la visita tan sólo "por amor a
Dios". Más bien ha de ser por amor al prójimo "con el amor de
Dios".
19. Cuando se trata de un enfermo creyente, se ha de
intentar ayudarle a progresar y a madurar en la fe y en su situación de
enfermo. Si estamos ante un no creyente, debemos ofrecerle que comparta nuestra
fe. Si no quiere hacerlo, le seguiremos visitando con la misma disponibilidad.
NECESIDADES
BASICAS DE UN ENFERMO
PARA SABER CUALES SON LAS NECESIDADES BASICAS DE UN ENFERMO
DEBEMO SABER CUALES SON LAS NECESIDADES BASICAS DE UN SER HUMANO.
Se ha creído tradicionalmente, que las necesidades humanas
tienden a ser infinitas; que están constantemente cambiando; que varían de una
cultura a otra, y que son diferentes en cada período histórico. Pero tales
suposiciones son incorrectas, puesto que son producto de un error conceptual,
que consiste en confundir las necesidades con los satisfactores de esas
necesidades.
Las necesidades humanas fundamentales son finitas, pocas y
clasificables. Además las necesidades humanas fundamentales son las mismas en
todas las culturas y en todos los períodos históricos. Lo que cambia, a través
del tiempo y de las culturas, son la manera o los medios utilizados para la
satisfacción de las necesidades.
Las necesidades fundamentales son: subsistencia (salud,
alimentación, etc.), protección (sistemas de seguridad y prevención, vivienda,
etc.), afecto (familia, amistades, privacidad, etc.) entendimiento (educación,
comunicación, etc.), participación (derechos, responsabilidades, trabajo,
etc.), ocio (juegos, espectáculos) creación (habilidades, destrezas), identidad
(grupos de referencia, sexualidad, valores), libertad.
Concebir las necesidades tan sólo como carencia implica
restringir su espectro a lo puramente fisiológico, que es precisamente el
ámbito en que una necesidad asume con mayor fuerza y claridad la sensación de
“falta de algo”. Sin embargo, en la medida en que las necesidades comprometen,
motivan y movilizan a las personas, son también potencialidad y, más aún,
pueden llegar a ser recursos. La necesidad de participar es potencial de
participación, tal como la necesidad de afecto es potencial de afecto.
Integrar la realización armónica de las necesidades humanas
en el proceso de desarrollo, significa la oportunidad de que las personas
puedan vivir ese desarrollo desde sus comienzos; dando origen así a un
desarrollo sano, auto dependiente y participativo, capaz de crear los
fundamentos para un orden en el que se pueda conciliar el crecimiento
económico, la solidaridad social, el crecimiento de las personas y la
protección del ambiente.
Las necesidades humanas básicas referidas, deben
constituirse en derechos inalienables del ser humano, ya que su posesión y
práctica hacen a la dignidad del individuo y las comunidades. La satisfacción
de estas necesidades implica un marco ambiental sano. La degradación del
ambiente, provocada por los procesos de contaminación y “explotación”
irracional de los recursos, atenta gravemente contra ellas. Actualmente y a
nivel mundial, los modelos de desarrollos económicos y tecnológicos han
provocado que millones de seres humanos no hayan tenido posibilidad de acceder
a la satisfacción de estas necesidades básicas.
Las motivaciones biológicas, son necesidades básicas del
organismo para mantener su equilibrio fisiológico, tales como azúcar,
proteínas, agua y oxigeno. Una característica particular del ser humano, es que
toda filosofía del futuro tiende a cambiar cuando el organismo esta dominado
por una necesidad fisiológica determinada. El hombre hambriento, por ejemplo,
encuentra su plena felicidad en tener garantizado el alimento.
Por el contrario, quien tiene cubiertas sus necesidades básicas,
siente surgir otras necesidades mas elevadas que pasan a ser dominantes en su
vida.
Las motivaciones psicológicas y sociales, son también
necesidades básicas de la persona como ser pensante y como ser social; todo ser
humano se beneficia del amor, la seguridad del trabajo, la integridad física,
la estima, las relaciones familiares, las relaciones en los grupos sociales y
la aprobación de su persona en la sociedad, entre otros. De no lograrse
satisfacer el conjunto de estas necesidades psicológicas básicas el individuo
será victima de sentimientos de inferioridad, de abandono y desaliento.
Adicionalmente a las necesidades psicológicas y fisiológicas
más básicas existen otras necesidades mas profundas de relacionarse
interpersonalmente, de amor y cariño, de satisfacción sexual, de aspiraciones y
la necesidad de lograr poder en ámbitos sociales específicos que pueden
influenciar los niveles de motivación, los intereses y los valores de cada uno
de nosotros.
BASES PARA CONOCER LAS
NECESIDADES DE LOS ENFERMOS
El desarrollo de una comunicación adecuada es el elemento
clave para la detección de las necesidades del enfermo y orientar el trabajo
que se realice para mantener su calidad de vida. Para los expertos existe solo
una regla para comunicarse con los enfermos, que es: “Responder con afecto y
respeto, claridad y dignidad al contacto físico y al acompañamiento humano y
espiriutal como nos gustaría que otras personas lo hicieran con nosotros”.
Muchos de sus motivos de preocupación solo serán revelados a sus interlocutores
si estos se muestran sensibles y atentos para comprender lo que subyace detrás
de sus comentarios y en las dudas o temores no expresados. Los enfermos desean
sobre todo que se tenga tiempo para escucharles con interés, que el tiempo que se
emplee con ellos sea enteramente dedicado a sus personas y que no se les haga
sentir que tienen menos importancia o prioridad que otros. “El tiempo no es una
cuestión de longitud, sino de profundidad”.
Todos respondemos al amor y al respeto, a la honradez y
dignidad, al contacto físico y a la compañía y los moribundos sienten
probablemente más estas cosas que nosotros.
La escucha activa, la capacidad de empatizar y la aceptación
son herramientas muy eficaces de la comunicación que se pueden aprender. Requieren
esfuerzo, comprensión y una buena dosis de concentración por parte de quien lo
visita sea el profesional de la salud, sea familiar o sea un agente que va por
caridad humana y espiritual. En este proceso, la comunicación no verbal
transmite al otro mucho más fielmente nuestro estado receptivo –relajado y
acogedor. La empatía nos permite sentirnos próximos al otro en lo que siente y
cuáles son sus necesidades psicosociales, y la aceptación, la demostraremos por
el interés por lo que nos dice sin juzgarle y nuestra acogida.
Necesidades físicas (atendidas por los profesionales de la salud)
El enfermo necesita una atención médica y de enfermería
minuciosas con relación a todos sus aspectos biológicos: Cualquier elemento no
controlado de su enfermedad puede llegar a ser el centro de su vida e
incapacitar todo el proceso de enfrentamiento a su situación, mientras que un
buen control biológico produce un aumento del bienestar, más aún si los
cuidadores se muestran sensibles y sinceros, si se atiende a los pequeños
detalles y le dan una explicación previa de los procedimientos que se le van a
realizar.
Ayuda en la dependencia
para algunos enfermos la dependencia de otros es un tema
difícil de sobrellevar y les genera frustración y depresión. La regresión puede
conducir a una desmoralización mayor a través de la pérdida de la dignidad y
autorrespeto, por lo que, aunque los parientes y amigos encuentren difícil
permitirles que hagan un trabajo de forma laboriosa y empleen mucho más tiempo
en su autocuidado, en algo que ellos lo harían más rápidamente, deberían
estimularles a continuar haciéndolo porque ello puede contribuir a su
autoestima y a darles satisfacción.
Necesidades psicológicas
La enfermedad provoca una convulsión interna y tiende a
dejar al descubierto las raíces de las personas y les produce con frecuencia
una sensación de amenaza e indefensión ante algo que no pueden controlar, más
aún si los síntomas se vuelven persistentes y el enfermo presiente que esta
situación supera sus propios recursos de afrontamiento. El paciente, por lo
general, tiene dificultades para comunicarse bien por su propia enfermedad, por
la medicación, etc., se vuelve ansioso o depresivo y tiende a introvertirse, lo
que a su vez le impide recibir la ayuda que requiere para afrontar las cosas en
su correcta perspectiva. Las diversas necesidades psicológicas no saldrán a la
luz si no se pregunta específicamente por ellas, si no se controlan los
síntomas molestos y si el paciente no encuentra un ambiente apropiado para
exponerlas porque la experiencia de no ser tomados en cuenta en estos casos les
produce la sensación de estar muertos en vida y es causa frecuente de enfados y
de ansiedad. Muchos enfermos pueden beneficiarse de la relación de ayuda,
particularmente en presencia de un fracaso adaptativo incipiente y de trabajar
con sus sentimientos hasta que se produzca el ajuste y la adaptación.
Apoyo en el sufrimiento
El sufrimiento es una dimensión fundamental de la condición
humana y un acompañante frecuente de la fase final. No siempre es fácil reducir
la fuerza de la enfermedad que se ha vuelto el centro de la vida del paciente,
más aún cuando este sufre un dolor intolerable o angustia.
Posibles causas de sufrimiento en la terminalidad
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– Percepción de falta de futuro
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– Amenaza de inminente destrucción de la persona
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– Pérdida del rol social
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– No sentirse querido
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– Incapacidad para resolver los interrogantes de la
vida. Relacion con Dios.
–
– Pensamientos negativos (de culpabilidad, miedo al
futuro)
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– Mal manejo de los síntomas molestos
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– Reacciones indeseables de los tratamientos
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– Situaciones psicosociales inadecuadas (falta de
intimidad, compañía o soledad indeseadas, separación de la familia)
–
– Dejar asuntos inconclusos
–
– Estados de ánimo deprimido o angustiado
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Para Chapman y Gravin, el sufrimiento es un estado afectivo,
cognitivo y negativo complejo caracterizado por la sensación que experimenta la
persona de encontrarse amenazada en su integridad, por su sentimiento de
impotencia para hacer frente a esta amenaza y por el agotamiento de los
recursos personales y sociales que le permitirían afrontarlo.
Necesidades espirituales
El sufrimiento espiritual contribuye en buena parte al
malestar que acompaña a la sensación de amenaza a su integridad que vive el
enfermo cuando persiste y se agrava la intensidad de sus síntomas. Su detección
es esencial para ofrecerle una ayuda que complemente las intervenciones
farmacológicas y psicológicas para el alivio de otros síntomas. Se ha
encontrado que la paz espiritual eleva el umbral del dolor, influye en la
reducción del consumo de analgésicos y tranquilizantes y que cuando el
sufrimiento espiritual cede, la muerte tiende a producirse de forma más
apacible. Durante una entrevista normal, si se sospecha un sufrimiento
espiritual, le serán útiles formularle estas preguntas:
Para muchos, el diálogo sobre la normalidad de esos
sentimientos, la necesidad y posibilidad de obtener perdón, la práctica de la
oración, sacramentos o la lectura de los textos sagrados, pueden servir para
pacificar sus pensamientos. “Para afrontar una muerte de una manera apacible y
serena, es necesario recibir el perdón de los otros, perdonar, perdonarse a sí
mismo, estar en armonía con lo trascendental, expresado o no bajo la forma
religiosa”. dice J. Thiefrey. Algunos enfermos, no obstante, necesitan un
consejero espiritual para hablar y que les ayude a aclarar sus dudas a fin de
atenuar su pesar y sensación de culpabilidad, pero este no es un cometido
fácil. Requiere por parte del cuidador presencia de espíritu, sosiego, tacto,
capacidad de empatizar con el enfermo y de sintonizar con su mundo anímico.
Tiene que saber hacer que el enfermo se exprese, sin abrumarle, respetando e
interpretando sus silencios, intentando una respuesta a sus congojas e
interrogantes o también guardando silencio cuando él tampoco sabe la respuesta.
En los Cuidados Paliativos es elemental el respeto a las creencias de los
pacientes, sean las que sean. Se debe averiguar si Dios y lo religioso son
significativos o lo han sido para él. Si este es el caso, es verdad que la fe
en un Dios bueno y comprensivo ayuda y ha ayudado a millones a través de los
siglos a superar angustias de culpa, de falta de sentido, de soledad, es decir,
a bien morir, a morir en paz. En un estudio canadiense hecho en Manitoba, el
61% de los pacientes con cáncer utilizaron la oración como una forma de
afrontar la enfermedad.
Si bien la tradición ha querido que el encargado de velar
por las necesidades espirituales del enfermo terminal sea el sacerdote en
nuestra cultura cristiana, los laicos están cada vez más llamados a cuidar de
este tipo de necesidades al igual que cualquier otro integrante del equipo con
el que el paciente se sienta cercano. Una persona bien entrenada puede
establecer con ellos una relación adecuada que les permita reconocer la
normalidad de los sentimientos que experimentan de abandono, de culpabilidad
por ofensas reales o imaginarias, sobre su miedo a la muerte y a una vida
posterior. Su apoyo pasará por las mismas fases de escucha activa, empatía,
aceptación, participación del paciente en las decisiones, el trabajo con su
familia y la intervención de otros miembros del equipo. “Debemos dejar los
milagros a Dios, usted, y yo tenemos bastante con escuchar, ver, oír y sentir
las más profundas necesidades de la humanidad, y este es un campo donde también
podemos ayudar” dice D. Doyle. El cuidado integral óptimo de los moribundos
requiere una actitud alerta y positiva hacia la espiritualidad como una parte
más de la vida.
Necesidad de despedirse
El paciente suele desear despedirse y hacer la paz con
aquellos que tuvo diferencias, hechos estos que toman su tiempo, por lo que se
deberá procurar con anticipación y tratar con la familia sobre la posibilidad
de ayudarle a hacer realidad este deseo de reconciliación, dado que el paciente
en esta etapa puede sufrir un deterioro brusco de su conciencia que lo impida
más tarde. Hay varias causas de sufrimiento que se podrían aliviar con la
búsqueda de la reconciliación, la resolución de conflictos, el contacto con las
personas que él o ella desean y la posible realización de asuntos pendientes.
Los enfermos agradecen que sus familias y conocidos recuerden con ellos los
eventos más importantes de su vida y se resalten, si es posible, los hechos más
positivos de su existencia, sus intentos por mejorar a los de su entorno. “Da
más fuerza saberse amado, que saberse fuerte,” Goethe. Se dice que una persona
que al recordar su biografía encuentra que su vida ha sido en conjunto
positiva, le es más fácil el enfrentarse a la muerte.
Necesidades de apoyo social
Una forma eficaz de mitigar la sensación de carga que tiene
el enfermo es fortalecer sus relaciones con los seres queridos y procurar que
no falte el apoyo social porque este actúa como un sustentador de la salud y
amortiguador del estrés y facilita un mejor enfoque de la situación y de las
reacciones de adaptación ante la enfermedad. El apoyo social está normalmente
proporcionado por la red social más cercana, su familia y amigos.
Un buen apoyo social es el que transmite al enfermo que es
querido y tomado en cuenta, que es estimado y valorado y que pertenece a una
red de comunicación y obligaciones mutuas.
Necesidades de apoyo a la familia
Una de las principales preocupaciones del enfermo es el
problema que su dolencia supone para los demás miembros de la familia, por lo
que este agradece todo lo que se haga por ayudarles a reducir esta sensación de
ser una carga tanto en los aspectos físicos, económicos y sociales, que se les
dé información de su enfermedad, de cómo mejorar la interrelación personal para
evitar la soledad y aislamiento justo cuando más necesita de su compañía. Es
importante ayudarles a ver, como bien dice Ramón Bayés: “que el tiempo que le
queda al paciente es un tiempo de vida y no una espera angustiosa ante la muerte”.
Necesidad de ayuda para una buena muerte
Para el filósofo López Aranguren, una muerte digna es
posible si se consigue: “Que sea un espectáculo decoroso; que no desdiga lo que
fue nuestra vida; que lo sea en compañía y que lo sea en el propio entorno”.
Las múltiples necesidades de un enfermo terminal pueden satisfacerse en buena
medida si se respeta su especial protagonismo, si se le proporciona un
tratamiento adecuado del dolor y otros síntomas, si se revisa continuamente el
tratamiento, si se le permite participar en la medida que le sea posible para
reducir la sensación de dependencia en otras personas y si se detecta a tiempo
lo que signifique una amenaza para su existencia con el objeto de
contrarrestarla. En este trabajo, todos somos y podemos ser útiles.
El proceso de la enfermedad terminal puede incluir períodos
de caos, rendición y trascendencia, por lo que la intervención del equipo
paliativo deberá procurar afectar de forma integral a las necesidades del
paciente y su familia. Es esencial aceptar el protagonismo del enfermo, su
posibilidad de escoger entre varias opciones y reconocer que cada persona
recorre el camino con fases de ansiedad, depresión, desmoralización, aflicción,
que pueden responder a intervenciones adecuadas de apoyo de tipo físico,
psicosocial y medicación.
El agente de pastoral entra aquí en un campo esencial de su
acompañamiento donde dene expresar, tanto de palabra como en su ser, su fe su
esperanza y su caridad. Haciendo que el paciente, consciente o inconsciente,
perciba la paz de Dios para su encuentro esperanzador con él.

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