Pastoral de la Salud Diócesis de Huesca

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viernes, 31 de octubre de 2014

SUICIDIO. ¿QUÉ DEBE DECIRSE ACERCA DEL SUICIDIO? ¿DEBE EXPLICÁRSELO A LOS NIÑOS?



¿QUÉ DEBE DECIRSE ACERCA DEL SUICIDIO? ¿DEBE EXPLICÁRSELO A LOS NIÑOS?

Hable a los amigos cercanos y los miembros de la familia acerca del suicidio. En el mejor de los casos, la familia y los amigos pueden ayudarse a curarse entre sí. Sin embargo, los detalles de la muerte del ser querido son profundamente personales y nadie tiene la obligación de divulgar fuera del círculo inmediato que un ser querido ha cometido suicidio.

Los niños viven el duelo y pueden experimentar el mismo tipo de emociones que los adultos, pero expresarán estas emociones de diferente forma debido a una capacidad más limitada de lenguaje y a su falta de madurez. Son especialmente susceptibles a los sentimientos de culpa y abandono. Pueden tener algún pensamiento mágico  acerca de la muerte, creer que fue causada por algo que pensaron o hicieron. En general, hablar con los niños de la pérdida brinda la oportunidad de descubrir lo que saben acerca de la muerte, incluyendo sus ideas falsas y temores, y darles información, compasión y consuelo. Afirme que el ser querido “murió” en lugar de que “pasó a mejor vida o se fue” para que no haya malas interpretaciones. Es importante asegurarles que la muerte no fue su culpa y que no se les abandonará nunca y tampoco se les descuidará. Ayúdelos a comprender que la infelicidad con respecto a la muerte es natural y que ninguna cantidad de tristeza afectará el amor de los padres por sus hijos. Una alternativa de homenaje puede ser útil si le parece que no es buena idea que asistan al funeral.


Puede ser que los niños de más edad necesiten motivación para hablar de sus sentimientos y es más probable que se culpen a sí mismos o a otros. Evitar el tema puede tener consecuencias negativas. En general, los niños pueden mostrarse insensibles ante la muerte o pueden expresar su dolor, enojo o culpa “actuando” de formas negativas. Intente afirmar los sentimientos del niño al tiempo que corrige las formas inapropiadas de expresión y bríndele medios adecuados de desahogo.

Por ejemplo, si el niño está enojado, un saco de arena para boxear que le permita descargar su furia u otra forma de consumir energía puede ayudarle a expresar sus emociones apropiadamente. Intente aceptar las preguntas y de ser necesario admita abiertamente que usted no posee todas las respuestas. Si un niño se aísla, hable con los profesores, el entrenador, los líderes scouts u otros adultos que conozcan bien al niño.

Quizá le ayuden a ponerse en contacto con un niño enojado por la pérdida de un ser querido. Si la dinámica persiste, también puede ser benéfica la ayuda profesional. Puede ser difícil de aceptar que su propio hijo se niegue a tener contacto con usted, pero trate de comprender que los sentimientos de los niños no son racionales y que ellos, al igual que cualquier otra persona que enfrenta una pérdida por suicidio, necesitan apoyo incondicional.

Puede ser difícil hablarles a los niños acerca del suicidio, pero es importante para su adaptación. Si el suicida es una figura clave en la vida del niño, por lo general no sirve de nada guardar el secreto, especialmente para aquellos niños que poseen suficiente madurez de desarrollo para entender el suicidio. Tratar de proteger al niño no revelando información u ocultando la naturaleza de la muerte puede volverse problemático. A la larga, el niño conocerá por otras fuentes la verdad, lo que aumentará su confusión y posiblemente esto lo lleve a malas interpretaciones o autoculpabilidad. No revelar información también daña la credibilidad del adulto en otros aspectos, como al intentar asegurar al niño que no es responsable del suicidio.

Al mismo tiempo, no es necesario que los niños lo sepan todo. Explique simplemente lo sucedido y a las preguntas que haga dé respuestas apropiadas para su edad. Una vez más, para tomar la decisión, puede ser útil consultar a un psicólogo infantil. La biblioteca local puede proporcionarle recursos que le ayuden a enseñarle al niño acerca de la muerte, incluyendo libros que un adulto puede leer a los niños pequeños, o quizá leer junto con ellos.

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