Pastoral de la Salud Diócesis de Huesca

PASTORAL DE LA SALUD – DIÓCESIS DE HUESCA

miércoles, 14 de marzo de 2018

IMPRESIONES "SEMANA DE LOS MAYORES"


La Delegación de Pastoral de la Salud de Huesca organizó con esmero y cuidado una semana del mayor, durante los días del 5 al 9 de marzo, llevándose a cabo una charla titulada “Cómo avivar los sentidos para servir mejor y ser más felices” sobre algunas ideas de mi libro “Pedagogía de los sentidos” publicado el año pasado. Dicha charla se realizó en nueve Residencias de Mayores de Huesca capital (La Merced, Hogar Padre Saturnino López Novoa, ciudad de Huesca, Sagrada Familia, Misioneras del Pilar, Residencia Avenida) así como en el salón de Actos Bantierra de Huesca también y en la Residencia Hogar Tercera Edad de Sariñena y en la Residencia de Ayerbe.

Para un ponente es fundamental conocer el tipo de auditorio al que va a hablar. Evidentemente no es igual comunicar a adolescentes, que a jóvenes o adultos, pero dar una charla de entre una hora y hora y media, a un grupo tan variado, como alumnas de prácticas de enfermería no mayores de 23 años, presentes en alguna residencia, junto a personal laboral y sanitario de entre 35 a 60 años, así como religiosas y residentes entre 80 y más de 100 años, no sólo es un reto, sino una oportunidad para constatar que cuando se habla desde el corazón “al corazón” no importa la edad. Todos nos entendemos de maravilla, porque solo de corazón a corazón se puede promover una comunicación afectiva y efectiva y desde ahí se pueden transmitir ideas, informaciones y experiencias.

El lenguaje no verbal del auditorio es un indicador que muestra al orador el interés o desinterés por lo que se comunica, la curiosidad o no de los oyentes, la atracción, seducción o fascinación del que escucha o el desinterés, indiferencia o aburrimiento de la sala. Igualmente el feed-back que se recibe una vez finalizada la charla es el mayor indicador del éxito o fracaso de la misma, de la mayor o menor exigencia del público y en definitiva el propio conferenciante puede, a través de ese feed-back, evaluar si ha valido la pena o no el esfuerzo.

Hablar de los sentidos, esas ventanas maravillosas que nos llenan de información que viene del exterior y de nuestro interior, que nos llenan de bienestar o malestar, a personas que si algo les falla de manera generalizada es precisamente el funcionamiento de los sentidos, se vuelve mágico cuando se obvian los sentidos a nivel físico y se pasa a avivar los sentidos del corazón y del alma para ver lo que no se ve, oír  lo que no se oye, tocar lo que parece inalcanzable, gustar de lo profundo y oler el espacio sagrado del sufrimiento humano.

Lo entendieron tan bien que más de una residente me dijo con la mejor de sus sonrisas “Yo no oigo nada, pero me he enterado de todo”…, o esa otra mujer, de 89 años, que con alma de poeta me dijo: “Gracias, gracias, gracias… Según usted iba hablando mi alma bailaba al son de sus palabras. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan feliz”…

Uno a uno fuimos repasando los sentidos de la vista, oído, olfato, gusto y tacto, mientras que el resto de sentidos considerados en mi libro no se comentaron por razones obvias y con un encanto especial sus caras se iluminaban cuando analizábamos sus funciones, reflexionábamos sobre las claves para avivarlos y descubríamos las patologías de cada sentido que entorpecen y degradan la calidad de las relaciones incidiendo directamente en el bienestar emocional.

Ver personas tan mayores tan atentas, sonriendo y queriendo escuchar más y más a mí me interrogó y me cuestionó. ¿Nos damos realmente cuenta que en las residencias de mayores tenemos mucho que hacer, que transmitir, que comunicar? La excusa de “que no se enteran de nada” es un tópico absurdo, ya que yo pude constatar que son capaces de mantener la atención durante una hora o más, de avivar sus sentidos agotados por el paso de los años y de recibir ideas con la alegría de un niño, la vivacidad de un joven, la profundidad de un adulto y el agradecimiento que nace de su corazón cargado de experiencia. A todos MUCHAS GRACIAS.

Por Consuelo Santamaría Repiso